Qué estuve leyendo

¡Hola a todes! ¿Qué tal va este viernes bárbaro? Yo estoy acá tratando de terminar entera esta semana intensa pero llena de misiones cumplidas. Hoy les traigo un post cortito, de esos que se leen en el colectivo o en el lunch break, contándoles un poco qué vengo leyendo.

Como a muchos de ustedes les había gustado la reseña que hice de la Feria del libro y a mí me gustó escribirla, también varios de ustedes me pidieron que vaya reseñando un poco a medida que fuera ingiriendo los libros que había comprado. Como, además, pocas cosas me gustan más que tener, leer y hablar de libros, les traje estas letritas.

El elegido en su soledad – Liliana Bodoc

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A este lo puse en mis favoritos de mayo ya que fue, básicamente, el libro del mes pasado. Es el segundo de la saga Tiempo de dragones y, como todo lo que hace Liliana, tiene todo mi amor. Liliana Bodoc, para los que no la conocen, es una escritora mendocina que escribe todo lo que yo hubiera querido escribir, como yo quisiera y sé que nunca escribiré.

Cuando leí La saga de los confines se me partió el cerebro en dos. A cualquier lector con ganas de leer se la recomiendo. A los que quieren empezar a leer y buscan algo “que los atrape”, a los que les gusta mucho leer y quieren una nueva saga “que los enamore”, a los que están desencontrados con la lectura y se la quieren llevar a la playa. A los que aman las frases hermosas. A los que les gusta el realismo mágico, y la épica, y el Señor de los Anillos o Game of thrones . A todos les insisto y les pido que la lean.

Después leí otras cosas de la misma autora y siempre tengo una sensación de conmoción, de apasionamiento, de relación gastronómica y táctil con lo que estoy leyendo. Es una literatura que me envuelve y me sensibiliza. Tiempo de dragones es dura. Tiene todo lo que tiene que tener una saga de alto vuelo: pueblos enfrentados, magia, personajes increíbles, dragones pero también tejedoras, y dioses diminutos. Todo lo que toca Liliana es chispeante pero también profundo.

El elegido en su soledad es la segunda entrega, que no puede ser sin la primera pero que también necesita continuación y no me hubiera quedado del lado de afuera esta vez. Es una historia dinámica, intensa y tensa, áspera pero bella. Y también están esas frases de tejido precioso que caracterizan a Liliana, y que siempre me gusta dibujar. Les dejo algunas.

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American Gods – Neil Gaiman

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Conozco a Neil Gaiman hace tiempo pero no lo había leído nunca hasta que una tarde me quedé en Cúspide con un café y me leí las primeras cincuenta páginas de Neverwhere. Apenas pude me la compré y la devoré entre mudanzas y siestas calurosas en verano. Les hablo un poquito de esa novelita maravillosa, con todo lo otro que leí en verano, en este post.

Hace mucho que quería comprarme American Gods pero uno tiene siempre otros libros que todavía no leyó, y siempre encuentra lecturas más urgentes o baratas. Así que con los descuentos de la feria del libro le hinqué el colmillo y desde que terminé el de Bodoc y arrancó junio que no se lo saco.

Si bien voy por las primeras doscientas páginas, interrumpo un poquito el ritmo cuando llega un examen y lo leo en salas de espera y transportes públicos (lo cual es del todo acertado, porque es la versión libro de una road movie, pero sin película, pero cinematográfico), ya puedo contarles un poquito de qué va, y si les interesa más adelante puedo hacer una reseñita más completa.

Aunque a mí no me gusta reseñar libros, primero porque no sé hacerlo, y segundo porque quiero contarles cosas que les den muchas ganas de leerlos, no reemplazar su lectura.

Primero, les cuento que esta edición es algo así como el retomar el original previo a los recortes de la editora, sumándole todos los cambios y mejoras que hizo el autor de esta obra a lo largo de los años. La primera edición fue en 2001 y ganó muchos muchos premios, todos a géneros distintos, porque no saben dónde encasillarla. Los genios de los críticos, siempre pasándola mal.

American Gods es una locura. Podría ser literatura de viajes, ciencia ficción, fantástica, mitología, quizá una de esas historias de mafia. Es de todos los géneros pero aún así sólida y fluida, no hay saltos o baches entre este lado y el de allá, todo va siguiendo el camino del sueño pero mejor, porque todo es perfectamente verosímil y sabemos que por eso, real en un mundo posible.

Con un narrador que oscila entre la conciencia del protagonista y el narrador que-todo-lo-ve y que transmite las leyendas, todo lo que pasa en la novela es veloz, áspero y duro. Unas descripciones agrias, el paisaje del sur de los Estados Unidos, los dioses de los antepasados y los dioses del futuro. No quiero decir más y tampoco puedo porque siento que estoy sobre la cornisa de la lectura y en cualquier momento la novela pega un salto a otro mundo igual o más imposible que el que está transitando ahora.

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Bueno, espero que les haya parecido interesante el post de hoy, que les guste hablar de libros y que lean estos, o que me cuenten sobre qué están leyendo y les gusta leer.

Que tengan un viernes de fiesta y el más lindo de los fines de semana invernales. Si es con lluvia y frío, dos veces bello, ya saben qué hacer.

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¿Leyeron alguno de estos libros, o alguna otra obra de sus autores?

¿Qué están leyendo? ¿Qué les gusta leer?

Psst! Hoy es un buen día para seguir el blog y que te llegue un mail cada vez que hay post nuevo, o encontrarnos en Instagram o Facebook y ver fotitos y saludos a horarios delirantes. Además, a veces aparece mi cara. Nos veamos y nos charlemos por ahí.

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haul, recomendaciones y crítica

Hola a todos, ¿qué tal fue esa semana? Hoy les traigo uno de esos posts sobre libros y lecturas que cada tanto aparecen los viernes. Esta vez, para contarles de mi visita el viernes pasado a la Feria del Libro, en su 43° edición.

Desde que sé leer que visito la Feria del Libro. Muy pocos años lo dejé de hacer, por falta de fondos, tiempo o interés. Pero aún así, debo haber ido a cerca de veinte ediciones de esta feria, que es anual. Y sí, tengo veintisiete años. Pero de chiquita con mis papás, después con mis hermanas, algunas veces sola y ahora con novio, soy casi una habitué del evento.

En este post les voy a contar rapidito recomendaciones para recorrer y comprar en ferias de los libros o cualquier exposición donde se vendan libros, no particularmente de esta edición que ya terminó, si no de cualquier evento similar, les voy a contar cuál fue la impresión que me dejó esta feria y mostrar qué libros (y otras cosas) me compré/compramos.

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tips and tricks

Lo primero que te digo es algo que quizá para vos es muy fácil y natural, o quizá te toma un poco de investigación: Hacé una lista de deseos. Por ahí sos, como yo, de esas personas que siempre tiene en mente los próximos diez o veinte libros que se quiere comprar y se los puede recitar a cualquiera que le pregunte. Y de hecho lo haga aunque no se lo pregunten.

Pero también puede ser que no te guste tanto leer, o no sepas por dónde empezar o seguir, pero quieras ir armando tu biblioteca y encontrar cosas que te interesen y motiven a leer más.

En cualquiera de los casos te sugiero que cuando te cruces con alguna obra de tu interés o lo mencionen en una materia, lo anotes enseguida. La memoria es juguetona con estos datos. Este sería el momento de buscar esas anotaciones y armar una lista, agregando o descartando.

Además, ahora te conviene hacer un poquito de investigación. Buscá el nombre completo del libro (quizá lo conocés por su nombre en inglés o en otro idioma), escribíte correctamente el autor, y buscá por qué editorial y a qué precio se consigue. Hacete una buena lista. Mirá la portada para poder reconocerlo más fácilmente y, si es posible, buscá en la página del evento en qué stand debería estar.

otras recomendaciones

La idea de ir a un evento con muchos libros es conocer y recorrer. Si sabemos qué libro comprar, conviene pedirlo por internet o ir a nuestra librería favorita y traerlo a casa, por qué esperar a una gran exposición. Pero la Feria del Libro es para recorrer. O por lo menos eso hago yo.

Obvio, usá calzado cómodo, comé antes para evitar filas y sobreprecios y andá con tiempo. Con todo esto, sabés que aprovechás al máximo el recorrido. Mi idea siempre es visitar cada stand, porque siempre hay sorpresas y oportunidades que normalmente no se consiguen fuera de la feria. Por eso, tomáte tu tiempo para hacer miradas detenidas de cada espacio, dejáte llamar la atención por libros diferentes e inesperados, tomálos en tus manos, mirá las contratapas, anotá sus nombres o sacále una foto con el celu. La feria del libro siempre amplía mi mundo y ojalá a vos te pase lo mismo.

Además, revisá el programa de la feria y buscá autores y actividades de tu interés. Intentá visitar la exposición por lo menos uno de los días donde pase algo que te cope. Estos eventos congregan a muchos autores que normalmente no vemos en otros espacios, incluso internacionales. Presentación de libros, firma de ejemplares, conferencias. Ya seas un fan de la lectura o un interesado por el mundo de la cultura en sus distintas formas, no dejes pasar la oportunidad. Si podés, agendáte otro día para ir de compras porque es probable que el evento se lleve gran parte de tu atención y tu tiempo, sobre todo si es muy popular y hay filas.

Hace algunos años yo conocí (personalmente y a distancia) al queridísimo Eduardo Galeano, quien leyó Los hijos de los días para un montón de gente. Como éramos tantos, la lectura se proyectó hacia un espacio al aire libre. Si bien no soy siempre fan de abrazar a tu escritor y sacarte una foto con él, agradezco haber vivido ese momento antes de que se despidiera (a medias) de nosotros quien marcó mi vida de lectura para siempre y que además tiene una voz y una dicción únicas que lo hacen un gran contador.

Finalmente, la última recomendación: aprovechá todos los descuentos posibles para que valga la pena ir y comprar ahí y no en otro lado. Soy preceptora y siempre le digo a los chicos que me pidan la constancia de alumno regular para entrar gratis. También podés llevar tu libreta universitaria o si sos docente, tu recibo de sueldo. De todos modos suele haber descuentos y devolución de las entradas si hacés compras.

Además, fijate en las promociones bancarias. Nosotros compramos tantos libros debido a que acumulando descuentos sumábamos el 50%. Lo cual en algo que no es de primera necesidad y que de por sí consiste en un porcentaje alto de nuestros ingresos (no diría que los libros son caros, pero sí que representan mucho de nuestro sueldo), me parece fundamental.

Además, no hace falta decir que se puede leer por medios electrónicos y gratuitos como una biblioteca pública, amigos que nos presten o tomando un cafecito en una de esas librerías donde podés quedarte horas leyendo, pero un libro SIEMPRE es una inversión. Para mí, son herramientas para mi oficio. Pero para cualquiera es un pasaje a otro lado. Y la verdad es que para leer mucho, a veces hay que comprar libros.

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este año: la gran ausencia del feminismo

No me voy a explayar mucho en mi opinión sobre la Feria del libro porque no soy experta en exposiciones ni en mercado editorial ni mucho menos. Pero soy lectora. Y conozco lo que estoy leyendo y quiero leer.

Les cuento. Apenas entré tuve una sensación de prejuicio. Pensé que había algo que no estaba del todo bien, o más bien percibí una ausencia y pensé que luego de recorrerla sacaría mis conclusiones al respecto.

Todos los años la Feria del Libro se encuentra cruzada por un tema, propio de la coyuntura, de interés general. Puede ser la muerte reciente de un escritor (los vendedores de antologías, felices), con sus homenajes y perspectivas, o alguna tendencia reciente. Hubo años cruzados intensamente por la grieta (vieron cuanto libro de periodista sobre política que hubo en Argentian los últimos años, ¿no?), otros por un gran lanzamiento editorial -recuerdo la Feria de Harry Potter-.

Este fue el año de los booktubers y bookstagrammers. Ya hubo eventos de ese tipo el año pasado. Este año, estalló. Hubo varios eventos llenos de adolescentes, relacionados con el boom de los críticos y reseñadores de libros de las redes sociales, y con los grandes best sellers que promovieron películas y series, como Por trece razones y los amigos de Nicholas Sparks. (No los puedo diferenciar y reconocer, sé que existen y que las portadas de sus libros son hermosas).

Este fenómeno me resulta adorable. Me encanta el libro como objeto, y por lo tanto será objeto de consumo. Que genere pasiones entre los jóvenes, cosa que viene haciendo de distintas maneras, pero que además inunde las redes sociales y tenga su lugar al lado de otras expresiones culturales, me encanta. Obvio que tiene consecuencias que los académicos no desearán, y otras que pueden no gustarnos, como la púber que vino corriendo muy enojada a apurar a su mamá a que pague el libro porque ya llegaba en la fila al lugar donde la autora estaba firmando. No digo que la muchacha no la hubiera leído nunca, seguro era fanática de sus obras anteriores. Pero esa euforia violenta por el autor rockstar muchas veces nos quita la capacidad crítica que la actividad lectora necesita para sacar lo mejor de nosotros mismos. Que seamos activos y no sumisos frente a lo que recibimos, que además la masividad no nos enceguezca.

Además, se venden muchos libros malos y todos lo sabemos. No me corresponde a mí determinar cuáles son. Digo malos cuando hablo de libros escritos pobremente por gente que no lee, muchas veces por autores que ponen su nombre a un equipo de monotributistas que se encierran a escribir bajo presión en una sala de conferencias en quién sabe dónde, que no nos hacen pensar, que reproducen lo que hay, que se leen tan fácil que no cambia nada, como frecuentar siempre gente insulsa. Pero no me corresponde a mí determinar quiénes son.

Sin irnos de tema, esto tampoco es culpa de los libros. Ni la niña maltratando a su mamá, ni la señora leyendo la novela de experiencias sexuales despersonalizantes que ella nunca se atrevería a protagonizar. Es parte del mercado, y del sistema, que hace lo que tiene que hacer para seguir vendiendo, y si es posible que esa venta ayude a reproducir lo que está, mejor.

No fue ese el problema de la feria, para mí. No los booktubers, para nada. Es probable que hayan llegado para quedarse. Me llamó la atención la ausencia del que para mí, es el tema del año, de los últimos dos años: el feminismo.

Sólo recorriendo la feria, no hay nada. Ni editoriales feministas, ni sectores de literatura o estudios feministas dentro de las editoriales, ni lugar para las escritoras, periodistas y autoras feministas, ni siquiera se encuentran las obras sobre feminismo que están recorriendo el mundo. De hecho, tampoco están a la vista las de autoría nacional. En toda mi recorrida lo único que encontré, y que además me traje, fue “El segundo sexo”, de Simone de Beauvoir, que murió en 1986.

Es verdad que la mayoría de obras sobre empoderamiento femenino que están de moda no fueron traducidas acá -todavía, aunque algunas tengan más de diez años-. Mi ilusión de encontrar en la feria a La teoría King Kong, Fight girl club, Lean in o por lo menos Girl boss, que tiene su serie en Netflix no tuvo ninguna respuesta. No importa que Emma Watson pose en su Instagram con ellas, y que tenga millones de seguidores. No están esas, ni otras.

En el año en el que la primera marcha contra el flamante presidente estadounidense fue de mujeres, de las marchas masivas de Ni una menos y donde la violencia de género llega a niveles de gravedad alarmantes de los “miles de actos culturales” que ellos mismos promocionan, sólo ocho fueron sobre femicidios y problemáticas de género: Una exposición llamada “Femicidios y luchas de género”, una charla sobre el Paro internacional de mujeres, una mesa redonda llamada “Femicidios cotidianos”, una actividad (no especificada) llamada “Hacia políticas judiciales de género”, una charla sobre Grooming, un “Debate sobre derechos sobre perspectiva de género”, la presentación del libro de Liliana Hendel llamado “Violencias de Género”. Listo. Una charla sobre mujeres en el deporte, otra sobre mujeres y periodismo y una actividad donde escritoras argentinas dialogaron sobre la novela romántica cerraron el combo.

Todas estas actividades, insuficientes, subordinadas, invisibilizadas, tratan de temas que exceden la especificidad de la feria. La verdad es que son necesarias pero podrían darse en cualquier evento. Ninguna de ellas, excepto la presentación del libro de Hendel, habla sobre libros, ni sobre literatura. Ni sobre el lugar de la mujer en la literatura, y mucho menos sobre literatura feminista. Hubo más actividades sobre neurociencias y programación neurolingüística que sobre los problemas de la mujer.

Honestamente no puedo creer que un tema tan popular no haya tenido, no importante presencia, sino protagonismo en una exposición donde están justamente los que piensan las cosas, empezando por denunciar lo que en el mundo está mal. Tampoco encontré por ningún lado uno de los libros nacionales del año, Economía feminista de Mercedes D’alessandro. Hice una reseña del mismo acá.

En un mercado donde las mujeres escriben mucho y todo el tiempo, donde quizá la mayoría de presentación de obras fue de mujeres, donde además es probable que representen el mayor porcentaje de lectores, no hay espacio para debatir sobre nuestro lugar en la industria y en el mundo, sobre la desigualdad, sobre el sistema que está generando esto y la violencia que nos está matando.

lo que más me gustó

Para empezar a cerrar, lo que más me gustó de la Feria del Libro de este año fue comprar a mitad de precio. Me gustó también lo de siempre, la variedad y cantidad de obras disponibles. Me gustó la organización que me permitió entrar, recorrer y comprar rápido. Me encantaron las compras que hice, algunas las tenía entre ceja y ceja y sabía que sólo allí las iba a encontrar. El paseo, siempre me encanta. Yo creo que es un evento increíble y es probable, sin conocerlas, que como exposición, evento cultural y por su masividad, esté a la altura de otras grandes en el mundo.

Me gustó la austeridad de los stands. Eran amplios y cómodos pero la organización y facilidad para encontrar las cosas era destacable.

lo que menos me gustó

Me pareció que había poca gente y que había poca venta, aún cuando se siguen vendiendo muchos libros, creo que la crisis por supuesto afecta primero a la cultura. El que no puede gastar, empieza por no gastar en libros.

Otra cosa que no me gustó es que, aunque sé que deben estar muy cansados y puedo entenderlo, a partir de las 21 hs todos los trabajadores de los stands estaban quejándose. Todos, activamente, mirando el reloj, quejándose por la hora, fastidiados, molestos. No era contra nosotros, pero o las condiciones son muy malas o definitivamente hay que motivarlos mejor.

Pero lo que menos me gustó fue la cantidad de bolsas de plástico. Yo sé que esto es medio propio de las exposiciones de todo tipo, que las bolsas son como una especie de elemento de difusión y presencia pero ¿y la ecología? Dije que no había ni una docena de actividades sobre feminismo y en cambio hay muchísimas sobre ciencia, educación y cuidado ambiental.

Sin embargo, cuando nuestros niños están acostumbrados a todo tipo de prácticas que son ya de urbanidad y sustentabilidad, y cuando no se entregan bolsas de plástico en ningún supermercado o verdulería, en la Feria del libro donde gastás mil pesos con facilidad, no hay tachos para separar los residuos ni bolsas de tela ni cajas con logo. Ni siquiera como merchandising. Todos metemos las bolsas unas adentro de otras o en la mochila, ¿no parece más negocio entregar una eco bolsa que luego sigamos llevando con nuestros apuntes, trabajos para corregir y el almuerzo al trabajo?

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haul

Bueno, después de esta intensidad desesperante que tanto me caracteriza, vamos al botín. Como les decía, con el 50% de descuento, parecía un buen momento para comprar cosas que necesito para la carrera, que me interesan y algunas que tenía ganas. Obvio, me quedé con algunos pendientes pero taché todo de mi wishlist.

Eso sí, como decía, esperaba encontrarme con descubrimientos y sorpresas en lo que tiene que ver con libros sobre mujeres, y quizá también con autoras nuevas que me interesen. Y no fue tan así, excepto por un par de novelas que descubrió novio y creo que ambos disfrutaremos.

Voy a dejar las fotos y la lista abajo porque creo que con los libros no hay muchas primeras impresiones que valgan, pero a medida que los vaya leyendo seguro los actualizo en mi Instagram o paginita en Facebook. Puede que si alguno me impacta demasiado tenga también post acá, en el blog.

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  1. Simone de Beauvoir, El segundo sexo.
  2. Joelle Bahloul, Lecturas precarias.
  3. Roland Barthes, S/Z
  4. Neil Gaiman, American gods.
  5. Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento.
  6. María Moreno, Black out.
  7. Liliana Bodoc, El elegido en su soledad.
  8. Nicolás Artusi, Café.
  9. Natalia Guinzburg, La ciudad y la casa.
  10. Haruki Murakami, Tokio blues.

Las compras se dieron en dos tandas. La primera, novio fue toda la tarde del jueves con una lista y me trajo la mayoría de cosas que ya sabía que quería. La segunda, fuimos juntos el viernes donde compramos algunos libros más, que seguramente yo también voy a leer, pero que no puse acá. Acá incluí alguno que eligió él, el de Guinzburg (no es Malena), que me parece muy interesante.

También me compré dos cuadernitos de Monoblock para mis próximos bujos. Voy a dejar detalles en un próximo haul de librería que va a salir, pero son adorables. Caros, pero comprados a mitad de precio van genial. Y ahora sí, me siento stockeada.

Como ven, tiene hojas de puntos (!) y también se pueden dar una idea del tamaño con las reglas que posicioné estratégicamente. Spoiler: 12x17cm.

Uno es el de la tapa de unicornios que aparece más arriba, y que acá está abierto, y el otro es el de tapa azul con dibujitos tipo del club de Saint Exupery.

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Bueno, ¿qué les pareció este tipo de post, además de seguramente muy extenso? Si leíste hasta acá un poco te amo, y te invito un té chai.

¿fueron a la feria del libro?

¿cuál es el último libro que se compraron?

mi verano en libros

Hola a todos, qué tal este sábado fresquito. Este post que debía salir ayer es impuntual porque es sobre literatura. Con estas temperaturas me doy el gusto de dar por terminado este bello y difícil verano e inaugurar oficialmente el otoño, para el cual faltan diez días pero espiritualmente ya comenzó.

Les traigo unos párrafos que por presumidos se llaman a sí mismos reseñas pero en realidad no son más que unas emocionadas impresiones. No hablaré sólo de libros si no de experiencias con libros. Ya verán.

 

Neverwhere de Neil Gaiman

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Neil Gaiman es un autor inglés, escritor de historietas y de novelas de fantasía. Si quieren saber por qué es lo más, vean este discurso  en una universidad norteamericana de artes. Es un genio, y además hace literatura de la buena.

Una de las razones por las que compré Neverwhere y luego la amé es porque leí su prólogo sentada en el Cúspide de Recoleta, con un té chai latte de Starbucks en la mano. Este ritual súper por careta no deja de ser uno de mis favoritos. La cafetería nunca está llena y puedo agarrar cinco libros y mirarlos durante horas, alguna vez leí uno completo. Y siempre me voy con alguno, es tan un asunto de mutuo beneficio que enloquezco.

Cuestión que una de esas tardes en las que pasé varias horas leyendo infusión en mano descubrí que Neverwhere tiene un prólogo escrito especialmente para los lectores en español donde cuenta el proceso de creación de la novela y cómo especialmente se reeditó porque era una obra muy querida por los lectores en español, particularmente de Latinoamérica. Y es muy comprensible, porque nosotros conocemos mejor que otros la presencia de los desposeídos como parte vital de nuestras ciudades, pero además cuando nosotros mismos como naciones somos los invisibles e ignorados del gran barrio mundial.

Sobre Neverwhere (algo así como dondenunca, o un lugar que nunca) escribí estas líneas en Instagram (@tedeflor) apenas la terminé de leer.

Hoy en otro episodio de “Flor no sos una influencer y a nadie le importa lo que pensás sobre un libro”: Una de mis resoluciones de 2017 es leer más, y leer más no-ficción, por eso me pareció lo más adecuado iniciar con una novela que considero sin lugar a dudas de realismo mágico inglés, por fastidiosa que parezca esa idea. No es de esas que se leen fácil, rápido, pero no porque sea complicada sino porque es incómoda, si te dejás interpelar. Un periplo de antihéroe a una Londres subterránea que empieza con un tropezón y donde se cruza con los marginados urbanos, los desposeídos, los invisibles, poseedores de códigos poéticos, reglas mágicas, talentos increíbles. Los espacios conocidos se convierten en otra cosa, cada realidad tiene un doblez y cada rincón una puerta (como en esa otra novela donde la puerta a lo mágico es en Londres). Peligros que le cuestionan todas las estructuras de confort que lo habían sostenido hasta ahora, violencia pegajosa, descripciones poco placenteras, mugre, olor, fealdad. Todo lo que nos molesta de la ciudad,  en un mundo ignorado de desafíos y lealtad, una novela que se pone turbia y va explorando oscuridades cada vez más profundas, entre condes, resucitados, bestias mitológicas y hasta un ángel malvado. Un tipo común que hace cosas extraordinarias cuando una buena acción lo rodea de los nadies. Sin ni una sola pizca de cursilerías de solidaridades y mezquindades caritativas, con un humor sutil pero cruel, y apenas sugiriendo la semilla de un proyecto por algo distinto, la pregunta: ¿hay algo más, algo distinto que ir al trabajo todos los días, estar cómodo, progresar, repetición?

Saludos, y nos vemos en otro episodio de nadie te preguntó Flor.

No podría recomendarla lo suficiente a preadolescentes y jóvenes a los que les cuesta leer pero les gustan la ciencia ficción y los comics (un buen regalo sería el combo Sandman y Neverwhere “empezá por la historieta y si te gusta seguís por la novela, las escribió el mismo tipo”) y también creo que es para todos los que amen la literatura fantástica con un subtexto de denuncia muy fuerte pero para nada solemne.

Por supuesto que tengo en la canastita de compras de Book Depository un ejemplar de Norse Mythology, del mismo autor, listo para desear ser comprado.

Economía feminista de Mercedes D’alessandro

Sobre Economía feminista, de Mercedes D’alessandro, economista feminista argentina, escribí todo un post así que no me voy a extender mucho. Baste decir que si estás sacudida por toda la movida feminista a la  que afortunadamente somos privilegiadas de asisitir y protagonizar, y querés saber más, tener más argumentos para sostener tus discusiones y recién empezás a leer sobre el tema como yo, esta obra es una puerta de entrada perfecta.

Porque no tiene que ver tanto con sentimientos y extremismos si no con estadísticas reales y objetivas, contextos históricos y además porque es tan reciente que suma hechos y nombres muy cercanos a nosotros en el tiempo, sobre todo en Argentina.

Además, Economía feminista es de lectura sencilla y ágil, por su redacción y por cómo está estructurado el texto, pero te deja pensando y querés anotar o grabarte toda la información que presenta para no olvidártela nunca.

Mudanza de libros

Parte importante de la mudanza fue por supuesto la mudanza de libros. La biblioteca del departamento de origen era ya un maridaje entre libros míos y los de mi novio. A ellos se sumó una selección intensa de libros que ya estaban en la casa de destino, en la que vivo ahora, en la que vivía mi suegra, una mujer impresionante que se había recibido de guionista y estudiaba Letras. Además de una gran autora de obras y guiones, nos encontramos con una gran lectora. Y nuestra biblioteca se duplicó, o sumó un 60% por lo menos.

Pasé un día entero configurando esta nueva colección de libros, que aún no encuentra lugar para todos los libros que tenemos, y de dónde sacamos múltiples anillados y lecturas importantes fotocopiadas. En las stories de Instagram un día estuve mostrando mis secciones más queridas. Pero si quieren ver toda mi biblioteca con un poco más de detalle o que les hable de mis libros preferidos, debería hacer uno o varios post exclusivos al respecto.

Así que la mudanza de libros fue un proceso de hallazgos, reencuentros y la siempre hermosa satisfacción de recibir o comprar libros nuevos, incluso aunque algunos ya los leí, pero no los tengo, pero vividos y cruzados por un montón de historia. Por ejemplo, encontré este tesoro.

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Sí, unos titulazos de la serie de literatura juvenil post Rayuela de donde viene la tipografía de Stranger Things, ese evento cultural de nuestra época que todos amamos.

Tengo que decir que no considero de enorme valor acumular libros, que odio que tengamos algunos sin leer y de hecho, sin abrir -sobre todo de filosofía-, o que a algunos después de leerlos no me interesa conservarlos, que amaría tener todo digitalizado y sin ocupar espacio, y que estoy dispuesta a regalar o vender un tercio o la mitad de ellos. Pero también sé que gran parte de mi vocación voraz de lectora viene de haber crecido en una casa con una pared del comedor tapizada de libros, aún cuando no todos ellos eran obras valiosas. Por eso, por lo mucho que habla de uno una biblioteca y por lo mucho que significa como herencia, la conservaré y probablemente crecerá.

Harry Potter Book Night

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Quizá sepan que soy una gran lectora y defensora, entre las estudiantes de literaturas, de Harry Potter. Me marca profundamente desde los doce años el mundo de Hogwarts y sus sucursales, admiro profundamente a su creadora y amo todo el mundo por fuera de los libros que surgió y que une generaciones de lectores de una manera increíble. Además, la idea del mundo paralelo, su evolución, el crecimiento de los personajes, las hipertextualidades con otras literaturas y con la mitología griega y, obviamente, la presencia de la magia, me identifican como lectora, como escritora, como consumidora de series y películas y también como docente de letras. Bah, como humana.

Cuando durante la primavera pasada recorría los pasillos del colegio o me sentaba en un aula y sacaba The cursed child, siempre una horda de adolescentes de ambos sexos me asaltaba y me preguntaba al respecto. Un día me puse a leerlo en el colectivo y cuatro nenas desconocidas de unos once años me rodearon y se pusieron a hablar conmigo.

No quiero dejar de decir que siento que la evolución de quien encarnó a un personaje fundamental como Hermione -la razón por la que muchas de nosotras hicimos bandera de esta saga, ¿o no?- como referente feminista, para mí es clave y sumamente productiva. Siento que ser Hermione la marcó como feminista y también creo que es genial para muchas chicas allá afuera que una mujer bella, inteligente y real en todas las acepciones de las tres palabras como Emma Watson, sea Hermione y además sea una de las que le pone palabras a este camino en la búsqueda de la igualdad.

Sobre Harry Potter puedo hablar mucho más, pero con respecto a la Harry Potter Book Night, que se dio el 9 de febrero en los bellísimos jardines del consulado británico no tengo mucho para decir al respecto, aunque  lo más importante y hermoso fue el lugar. Es hermoso y perfecto para este evento. Las actividades fueron ingeniosas pero más destinadas para niños pequeños, que mágicamente había muchos, aunque la mayoría de las asistentes eran ñoñas como mi hermana y yo. Había mucha buena voluntad, pasión por la magia y entrega entre los organizadores, los mismos que organizan la Magic Meeting, los chicos de FanCon.

Tengo que decir que como evento y encuentro de lectores fue hermoso y necesario, y con una entrada gratis, aún más. Como actividad de una tarde de verano que ayudó con el clima, fue genial. Las actividades, como la lectura del capítulo donde Harry Potter aprendió a hacer el patronus, los partidos de Quidditch, la selección de casas y algunos juegos estuvieron bien, aunque un poco insuficientes. En algunos momentos, nos aburrimos, no es que pasaban varias cosas a la vez.

Pero quizá lo que me dejó con más ganas de más, y la razón por la que este año no faltaré a la Magic Meeting, fueron los stands. Sólo había libros, una buena selección de dos o tres editoriales. Compramos los cuentos de Beedle el bardo y nos quedamos con ganas de gastar todo nuestro sueldo en algunos más -quiero una colección de la saga en inglés con las letras en grande que me pareció increíble-. Y para comer, sólo había panchos. Caros y fríos, los panchos, y luego de una larga espera. Les enseñaremos a nuestros amigos del consulado cómo hacer una buena feria del plato para la próxima vez.

Ah, por cierto, soy Slytherin.

Memorias impuras de Liliana Bodoc

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Por su extensión, tipo de trama y por haberme acompañado en los últimos y más duros días de mudanza, leer esta novela me llevó bastante tiempo más que lo acostumbrado.

Si no conocen a Liliana Bodoc, busquen sobre ella y ámenla como yo. No puedo ser muy objetiva al decir que creo que es la mejor escritora actual del género fantasía en idioma español -tampoco que conozca muchas o tenga autoridad para decirlo-, ni sirve de mucho decir que si algo hubiera querido escribir, sería sin dudas La saga de los confines.

Si quieren conocerla un poco más, pueden ver esta charla TEDx y también hay una serie documental sobre ella de canal Encuentro que se llama Los confines de la palabra y está online. Si están en la compu, hagan click tranquilos en todos los enlaces de este post que se abren en una ventana aparte.

Memorias impuras en realidad es una bilogía (?) cuya primera parte se llama los padres y la segunda los hijos, y que con buen tino fueron editadas ambas en un mismo ejemplar. Está ambientada en el Virreynato de la ciudad de Álbora, una muy parecida a Buenos Aires donde los negros, los nativos y los españoles se relacionan, se aman y se enfrentan por medio de la magia y la revolución.

Está tan bellamente escrita que duele, pero los personajes, que frecuentemente se vinculan por medio de dúos o pares de opuestos -si la leen me van a entender- son muchos, y la trama es rebuscada, recargada, barroca. Por supuesto que este pero es muy personal. La trama habla de la historia, turbia y entreverada, de las revoluciones latinoamericanas, y así es esta novela. Pero a mí me resulta difícil recordar los personajes y los hechos, a diferencia de los diáfanos e inolvidables héroes de la Saga de los Confines.

Así que si les gusta Liliana Bodoc, no van a sentirse desilusionados con esta novela, y sí, la van a amar como todo lo que ella hace, porque tiene su sello. Si no la conocen aún, quizá no les recomendaría arrancar por aquí, porque son unas puertas de entrada más difíciles de franquear que otras. ¿Por donde sí empezar? Por Los días del venado, por Tiempo de dragones, o por su charla TEDx.

Me voy olvidándome de decirles que Liliana Bodoc es una increíble tiradora de frases que me hacen y por las cuales soy. Algunas maravillosas de este libro son estas dos, con las que hice unos señaladores.

Digo que las profecías, igual que las fiestas, necesitan de un elemento desmesurado para cumplirse. No es en lo habitual en donde suceden.

 

De los tres sueños, sueño del que siente, sueño del que obra, sueño del que sabe, nace el mundo. 

Memorias del fuego de Eduardo Galeano

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Sobre Eduardo Galeano no necesito decir mucho porque seguramente es un autor recontra popular y por ustedes conocido. No sé si ustedes ven una línea en mis lecturas veraniles y cómo un libro me lleva a otro pero espero que sí, porque yo sí.

Galeano es uno de los autores que en mi adolescencia marcaron la dirección de mis ideologías, de lo que espero de la literatura y de lo que me gusta leer. De unas lecturas trasnochadas de Galeano, Cortázar, García Marquez y Tolkien, más un montón de mujeres que escriben como Bodoc, JK Rowling y algunos policiales, pero esa es la masa madre básica.

En fin, cuestión que Galeano además de ser uruguayo, que ya le suma puntos, es un autor que conocí, de lejos, en una feria del libro y que amo por la coherencia que entrelaza su vida y su obra. Tanto, que no me molesta que mucho seudo hippie progre con prepaga que sólo conoce un mar de fueguitos ponga frases apócrifas en sus Facebooks.

El rayo es el resplandor de la lluvia. El amigo, otro corazón. El alma, el sol del pecho. 

Memorias del fuego es una trilogía -yo estoy leyendo la primera parte, llamada Los nacimientos que combina el género histórico, la literatura y el periodismo para reescribir la historia de Latinoamérica desde los vencidos. Como mucho de lo escrito por Galeano, está conformado por textos breves narrativos, relatitos, con una descripción simple y muchas veces, lúdica. Las creaciones desde el punto de vista de los pueblos originarios, las invasiones y las batallas, para empezar. A este libro lo estoy leyendo ahora mismo, promediándolo así que cuando lo pueda terminar les contaré.

Bonus track: Uno de los momentos espontáneos de Eduardo Galeano a los que más cariño les tengo en este video. 

Si les interesa leer sobre libros o tienen otros libros para recomendarme, los comentarios están ahí para que los usen y amo que sean largos.

¿Qué leyeron ustedes este verano?

¿Qué otras historias con libros tuvieron últimamente?