la chica del cumpleaños

Había un grupo de chicos en una de las mesas cercanas. Blancos, jóvenes, cis, etc. Habíamos salido a comer con mis hermanas (dos) y mis sobrinas (dos). En el grupo hablaban fuerte, muy fuerte. Llenaban el salón, de por sí ruidoso, de carcajadas de muchos decibeles. Cómo gritan, digo. ¿Más que vos? Preguntó mi sobrina mayor, que tiene cinco.

El día de mi cumpleaños estrené zapatos rojos, me puse mi tapado rojo, labios rojos y una remera rayada, porque a los años hay que darles un mensaje. Las chicas de Tercero C trajeron una torta, globos, algunos carteles, muchos chocolates y mate cocido. El cantito y los tres deseos. Nos sacamos fotos, desayunamos y me fui a seguir trabajando.

Ese día pasé por un lugar medio cool para que le den forma a mis cejas, me dieron un café con leche y una barrita de cereal, después me compré una paletita de sombras y un labial, unas boinas que la diseñadora de mi vestido de novia trajo de París y volví para el oeste. Conseguí cosas para la picada y cené con mi familia en lo de mis viejos, ahora pedí los tres deseos en igual silencio pero con el pañuelo verde atado en la izquierda, mi mano hábil, la de la alianza y la del corazón. Eva, mi menor, me regaló un kilo de milanesas hechas con sus separadores para congelar. Envolvió la bandeja en papel film y le puso un moño.

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Cumplir 29 es que las cosas lleguen antes de que esté todo acomodado. Tenía ganas de celebrarlo en mi casa, la imaginaba recién pintada, acomodada, con los cuadros enmarcados y lucecitas colgadas por todos lados. Nunca se termina una casa. En vacaciones de invierno no llegamos, supongo que vamos a terminar en primavera.

El 10 de agosto me llegó antes de lo esperado, como si me hubiera quedado dormida. Había mandado al Whatsapp familiar un link con una lista de libros para que me regalen, también podía ser plata o milanesas. Encargué un vestido que no llegó para la fecha. Cumplir veintinueve es haber tenido catorce y pensar que muchas cosas más estarían resueltas para el 10/08/2018, lindos números para jugarle.

Al viernes llegué cansada. El martes quería tener todas las clases listas, el miércoles pasé frío y lluvia en el Congreso, el jueves no dormí hasta que se votó, me levanté para ir al trabajo enojada y a las 5 am. Yael tiene catorce y me dijo que nunca había vivido algo tan hermoso como estar ahí, en su primera “marcha”. El enojo se me pasó un poco. Sofi tiene diecisiete y me regaló una bolsita de golosinas y una tarjetita hecha en papel, con un pañuelo verde dibujado y una frase: Será ley.

Ese día me llegó por correo una tarjeta de cumpleaños de Luci y un snail mail de Harry Potter, con un mapa del merodeador lleno de regalitos de papel.

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El sábado desayunamos al mediodía picada sobrante, nos tomamos el 34 y pasé por Manada Showroom, me esperaba un pañuelo verde en la entrada. Ale dijo que era la contraseña para pasar a la guarida. Un poco sí. Me llevé un vestido de flores, un poco como el de una abuela.

Pasamos el día en un hotel, había cambiado unos puntos de la tarjeta. Caminamos por una Buenos Aires nublada, comimos unas porciones de muzza en una Kentucky vacía, paseamos por Galerías Pacífico, me compré unos zapatos “que fueran tan cómodos como los de hombre”, unos Dr. Martens, porque harta de que ellos tengan suelas y plantillas, y nosotras chatitas desprotegidas y tacos que no son para correr el colectivo, escapar, bailar ni caminar buscando precios.

Fuimos a ver a Lisandro, Aristimuño. Me puse mi vestido de flores. El 11, el del cumpleaños de Gustavo, Cerati. Y un labial violeta metalizado y con brillitos. Todo fue magia y atmósfera, nos emocionamos varias veces. En Manada había visto un afiche. Ale me dijo que lo había hecho Prensa Libertad. Lo busqué, contacté a la autora, un poema en verde. Victoria, Le escribí y me lo trajo a la salida del Luna Park. Victoria es de Morón, es periodista y escribió su tesis sobre Feminismo y radios comunitarias. Así son las constelaciones, invisibles pero inevitables.

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El domingo desayunamos fuerte, paseamos un poco más, me quedé sin ver la muestra de Bauhaus en el museo de arte decorativo. En casa me puse una mezcla de aceites en el pelo, armé un proyecto para entregar en el trabajo, preparé las clases, estiré las piernas.

El otro día Sofía, que tiene diecisiete y estudia Programación, me dijo a las 6.25 de la mañana, aunque es de noche, que estaba investigando a Hipatia, una mujer filósofa, matemática y astrónoma que no nos enseñan como a Sócrates y Platón. Que llegó a dirigir la Escuela de Alejandría y que la asesinó un obispo porque era “científica, seductora y autoritaria”. Así me lo contó Sofi, y hablamos de lo importante que sería incluirla en algún diseño curricular. Ya eran las 6.30 y nos bajamos del colectivo.

Mi otra hermana me regaló Americanah, yo me regalé La chica del cumpleaños y Putita golosa, tres remeras, glitter y un reloj. A los años hay que enviarles un mensaje preciso. Sigo cansada, un poco harta y un poco enferma desde antes del miércoles de la lluvia y el frío. Me cuesta gritar, se me gasta la voz, me duele la cabeza y estiro varias veces por día para tratar de echar del cuerpo esta contractura sin paritarias.

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Me anoté en dos cursos sobre educación sexual, volví a cursar, estoy leyendo muchísimo, volví a desayunar y a almorzar más sano, la mayoría de días. Mis gatos por fin se llevan bien, duermen juntos, juegan y se llenan de mimos. El otro día el más grande le limpió la cabecita a lengüetazos al otro y me emocioné hasta las lágrimas. También pagué $2500 de luz.

Anoche fuimos a tomar cerveza con algunas de mis amigas. Soplé una velita sobre un brownie y los de la cervecería me regalaron un vasito. Hoy hubo polenta, mi papá me regaló medias verdes y mi mamá, el óleo 31.

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Discutí sobre La tregua de Benedetti, discutí sobre vocación, discutí sobre mi talle de pantalón con un vendedor -el decía que no había, yo decía que lo usaba siempre, finalmente uso el talle que decía él, no importa-, discutí sobre lenguaje inclusivo, discutí sobre si es batata y queso o membrillo y queso, discutí sobre menstruación, discutí sobre cumbia, discutí sobre Uruguay, discutí con una peluquera sobre mis rulos, discutí sobre los pañuelos naranjas, discutí sobre el goce, discutí sobre hacerme un piercing en la nariz, discutí sobre mi cuerpo y mi peso, discutí sobre San Cayetano, discut…

Cumplir 29 es una fiesta en una casa un poco desordenada. Es comprarse vestidos y labiales, que te regalen libros y chocolates. Es tomar mate en ronda bajo la lluvia con algunos desconocidos. Es ser enseñada por adolescentes. Es gritar más que el grupo de muchachos. A los 29 volví a conocer gente nueva, a combinar rayas y cuadrillé, y rosa y rojo, a anotarme a más cosas que las horas que hay, a pedir en serio: “pero yo quiero que me chapes un poco más”.

No sé si este es un rumbo nuevo y definitivo para el blog, pero sí sé qué quiero explorar otros discursos, consumos, diferentes caminos para llegar a otros lados. Quisiera que me cuentes algo que te haya pasado leyendo la historia de mi cumpleaños 29, alguna sensación, otra historia, una experiencia, o simplemente, qué te gustaría seguir leyendo.

Un abrazo y feliz dominga,

Flor.-

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3 comentarios sobre “la chica del cumpleaños

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  1. Flor, tengo 50 años, no me acuerdo como llegué a tu blog pero algo me gustó. Mi hija mayor también se llama Flor, tiene 25, estudia arqueología y está militando en la campaña a favor de la despenalización del aborto (me da bronca que en este instante me manden como error la palabra despenalización a pesar de que le puse hasta tilde). Mi otra hija, Agus, estudia lenguajes de programación, como tu hermana y tiene 23. Su cumple fue el 8 de agosto y lo festejamos en la Plaza Independencia de Mendoza junto a muchas otras chiquitas a pesar de que mis hijas, ambas, estaban con faringitis, pero ahí estuvimos. Además tengo dos varones, Lean y Santi de 17 y 14, que si bien no van a marchar, entienden de qué se trata y apoyan a su manera, por ejemplo, ya no dicen cumplidos a sus compañeras cuando se tiñen el cabello, por más que las vean lindas porque tienen miedo que a las chicas les caiga mal…

    Me gustó tu relato, me gustó eso de darle un mensaje a los años, imaginate yo que tengo 50!!!

    Pero lo que me hace escribirte es porque yo hace mucho leí sobre Hypatia, pero mucho son mil años y también me pareció tan injusto su poco reconocimiento y que a veces, ni las mismas mujeres saben de ella…
    Alguna vez soñé y aún lo hago en tener un emprendimiento que se llamaría Hypatia… Tal vez algún día, cuando sea más grande, jeje !!

    Me gusta mucho como escribís, es sentido, sincero y honesto… si seguís en este plano, será muy interesante leer algún libro tuyo alguna vez, porque no??

    Te mando un abrazo sororo, siempre con los pañuelos verdes, hasta que sea ley!!

    Stella Maris

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