Bullet journal y Té de Flor en el diario de hoy

Hola a todos, hoy no es día de post pero pasó algo especial y quise aprovechar para contarles un poco más de mí y de cómo vengo viviendo estos días.

Los que me siguen en Instagram (@tedeflor) y hoy anduvieron recorriéndolo vieron que compartí una nota que salió en el diario Clarín, que para los de otros países, es uno de los principales diarios argentinos. Yo sabía de esa nota hace un par de semanas. La periodista, Einat Rozenwasser, me contactó, me hizo unas preguntas y me pidió algunas fotos. Quedamos en que me avisara cuando publicara la nota, y ayer lo hizo por mail.

En la nota se habla del fenómeno del bullet journal desde su origen, y de su creador, Ryder Carroll, pero lo genial es que está ilustrado con testimonios y fotos de bujos argentinos. Y uno de ellos es el mío. Además de mi nombre y de mi blog, aparecen mis palabras y, lo más lindo de todo, mis manitos y mi cuaderno.

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Antes que nada, quiero admitir que, aunque ella me había dicho que era una nota grande, con fotos, me sorprendió gratamente la redacción y el armado de la misma. Es completa, detallista, ágil y amena de leer. Excepto el título, con el que yo personalmente no me identifico, porque me la paso insistiendo en que el bullet journal NO es una agenda -y tampoco necesariamente un proceso obsesivo-, todo en la doble página completa me parece perfecto. Igual OBVIO compañeros, entiendo que es un diario de circulación general, y aprecio que si alguien entró a leer la nota por el título, que es atractivo, se vaya enterando de este mundillo.

En la nota hay algunas de mis frases textuales y aparece el link a este bonito blog. Como dice ahí, si es que la leyeron, soy docente de secundaria, por la mañana preceptora, y estudio Letras, aunque la carrera viene haciéndoseme larga y lenta de una manera no tan placentera, aunque la amo y habla de todo lo que soy.

Así que el cuadernito que ven ahí, en la página central del suplemento Spot de Clarín, es este mismo, el cuadernito de ciento sesenta y nueve pesos industria argentina que me acompaña a todos lados desde el primero de enero, con la programación del hermoso mes que acaba de terminar.

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Estoy pasando un momento difícil y bello justo en estos días, mudándome lentamente a una casa que necesita muchos cambios y más lejos de mi trabajo y de la casa de mis padres, pero además preparando mi boda (ok, nuestra) para fin de año, el cual es un camino de decisiones y esfuerzos.

Hay gente que no vive los cambios con tanta intensidad, o los atraviesa como algo obvio y esperable en la vida. Yo elijo pensar que hay que colaborar incondicionalmente con lo inevitable, pero que además de asumir con convicción los desafíos que se van presentando, hay que gestionar (el tiempo, la energía, las capacidades) para que las cosas pasen. Por eso comencé este blog en tiempos críticos, para anclarme más allá de la marea. Siempre escribí, este no es mi primer blog, sobre estos temas comencé en medium.com y en el medio siempre traté de ocuparme de leer y de generar contenido.

Siempre fue una necesidad para mí crear, emprender proyectos, generar comunidad. Es más una característica de mi personalidad que una actitud. De preadolescente leí y ya me identifiqué con la frase de Cortázar “En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas”. Yo, que no escribí parte de la literatura que cambió al continente y a mi vida, no me enorgullezco de eso. Este desajuste es mi potencia pero también mi desconfianza.

Por eso ayer, cuando recibí el correo electrónico de la autora de esta nota, me puse muy ansiosa. Y hoy, cuando corrí a buscar el diario al levantarme, me puse muy, pero muy contenta.

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El bullet journal se volvió en los últimos meses, pero sobre todo a partir de este año, el eje que unió mis motivaciones dispersas, esa sensación de que una está desparramada por horarios y actividades que no tienen un hilo conductor. Siempre ansiosa, siempre excesiva, me entusiasmo por un tiempo con proyectos cortos que no tienen continuidad pero me mantienen despierta por días enteros con sus noches mal descansadas.

Con las experiencias y las lecturas que la vida va trayendo, con las elecciones que me llevaron a un trabajo hermoso y a un amor durable, supe que tenía que encontrar métodos confiables y estables para que esas energías tengan una mejor forma de ser canalizadas. Y la puerta de entrada, para mí, es el bullet journal.

Y en realidad el bullet journal no es más que la síntesis de algunas cosas en las cuales yo vengo creyendo hace mucho: hacer bien lo que uno sabe hacer, pensar con las manos, tejer las palabras, diseñar espacios dinámicos, crear cosas que sean nuevas pero que también sean flexibles.

Yo nunca hubiera dado por mis propios medios con un sistema tan simple y tan perfecto, yo que soy tan errónea y desmesurada, pero por eso mismo al dar con este invento, me apego a él y adoro su equilibrio.

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No quiero cansarme de insistir en que la parte creativa del bullet journal no tiene mucho que ver con el sistema, si no con uno mismo. Siempre que creamos somos creativos, que eso implique una búsqueda estética conciente o mayor dedicación, es otra cosa. Los resultados del bullet journal sólo tienen relación en tanto más personalizamos cada cosa que hacemos. Supongo que como todo en la vida. Cuanto más nuestro es lo que hacemos, más original nuestro aporte y lo que podemos compartir con la comunidad.

Con estas intuiciones que me senté a tipear sin estrategia quiero hablarles de mi alegría por la nota que salió hoy. Porque más allá de mi distancia con los medios de comunicación dominantes, que es la razón por la que busco medios alternativos, esto se trata de darnos cuenta que hay alguien en alguna parte del planeta que valora algo de lo que hacemos, de saber que nunca es el momento ideal para iniciar algo nuevo, para probar, que si lo esperás ese momento nunca va a llegar. Que hay que intentar y seguir intentando, que no hay que cansarse de crear belleza con las palabras, con las manos o con el cuerpo.

Porque las modas o las tendencias pueden ser excusas para volver a enamorarnos de lo que hacemos, agradecer nuestras rutinas, refrescar lo que creíamos que veníamos siendo. Sobre todo estas búsquedas de vidas más lentas, más reflexivas, miradas más largas, rondas abiertas, conversaciones con los ojos fijos en los ojos e infusiones en mano para parar un poco y cruzarnos con descubrimientos apasionantes en los lugares de siempre.

Por eso misiono y milito. Por inventar rincones lindos en cada lugar que compartimos, por dejarnos convencer de que hay mucha más gente buena que mala y que gran parte de ella está al alcance de la mano por medio de las redes sociales, de salir a la calle y conocer gente, de viajes, porque estos tiempos nuestros no son tan malos al final, son solamente nuestros.

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“Es clave no mentirme. Y que no se trata de escribir mucho ni lindo, sino de gestionar para que las cosas pasen.”

Gusto mucho de los comentarios y siempre dejo alguna preguntita pero hoy no, estoy encantada de oírlos contarme lo que se les dé la gana. En qué andan, qué hacen estos días, si están enamorados (digo por lo del 14 de febrero que se avecina), lo que sea.

Flor.-

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